El diario de Aylan: una propuesta de escritura para el aula

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Mensaje de Helia G. superviviente del Stanbrook

Creo que una de las experiencias más emocionantes que he vivido en las aulas recientemente ha sido el trabajo sobre el exilio español en el buque Stanbrook, una actividad que llevé a cabo con mis alumnos de PQPI, y que consistía en relatar a modo de diario ficticio las peripecias de algunos de los supervivientes de aquel drama humano, de aquellos refugiados españoles no tan lejanos, al menos no tanto como para que todavía vivan algunos para contarlo. Digo que fue emocionante porque hice llegar el trabajo de dos de mis alumnas a la verdadera protagonista de aquel exilio, Helia González, que muy amablemente leyó el trabajo y les agradeció con un mensaje personal su esfuerzo. Todo ello lo conté en su día en mi blog y en las redes, porque como apunta Helia, “la gran ignorancia y las grandes falsedades que han llegado a los oídos de los jóvenes solo nosotros podemos subsanarlas”.

Al hilo de aquel proyecto colaborativo del Barco del exilio y de mis propias propuestas de “leer el exilio, vivir el exilio“, creo que la historia de Aylan es también susceptible de convertirse en diario de aula, una historia truncada que puede vivirse y recrearse de mil modos distintos de la mano de nuestros alumnos:

¿Qué diario hubiese escrito en su viaje? ¿Qué sueños pasarían por su cabeza? ¿Qué aventuras habría soñado? Y, por qué no, ¿qué vidas paralelas hubiese podido vivir si el abrazo cruel del mar no hubiese cerrado sus ojos?

Por suerte, tenemos la gran biblioteca de internet que nos ofrece ahora muchos datos del pequeño Aylan y su familia, una biblioteca inmensa para documentarnos sobre su lugar de origen, su contexto, su idioma, su religión, su cultura… Ojalá Aylan hubiese tenido la suerte de escribir ese diario algún día, no como aquel de Ana Frank, por supuesto, sino como el de tantos viejecitos que llegan plácidamente al fin de sus vidas rodeados de cariño y buenos recuerdos.

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¿Hasta cuándo?

(Picture alliance / dpa / Christian Kruse)
(Picture alliance / dpa / Christian Kruse)

“¿Qué? ¡Ahí estáis todos, como borregos! Os vais a dejar llevar de nuevo al matadero. Porque vamos a levar anclas con el día. Si no lo sabéis, os lo digo yo. Ningún país quiere nada con nosotros. El mundo es demasiado pequeño. No hay sitio: han puesto el cartel de ‘Completo’. Y sois los más aquí a bordo, y harán con vosotros lo que les dé gana. ¿No sentís vibrar vuestros puños? Estáis todos muertos, montón pestilente. Cadáveres hediondos, putrefactos… ¿Hasta cuándo? ¿No hay nada en vosotros de la semilla de los hombres? (…) Ahora os volverán a los presidios, a las minas, al látigo, al estiércol. Llorad: ‘¡Qué desgraciados somos! ¡Qué perseguidos!’…”

San Juan, tragedia. Max Aub. 1943